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Pucherazo

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01.07.2026

Yo también me he visto en ese trance, Alberto. Estoy de pie frente a la máquina registradora del supermercado, contando las monedas en la palma de mi mano porque me faltan cuarenta céntimos para cubrir la compra, siento un sudor frío que me trepa por las sienes y agacho la cabeza para no tropezar con las miradas asesinas de los clientes, que sueñan con decapitarme por haber organizado semejante atasco, me vacío los bolsillos en busca del milagro pero las monedas no aparecen, más vale que asuma mi derrota y renuncie entre balbuceos al pack de cuatro yogures de fresa. Así te imagino yo, Alberto, contando los diputados que te faltan para ser presidente.

En tu caso, sin embargo, no he percibido el menor rastro de apuro. Te aseguro que la vergüenza revelaría un profundo sentido de urbanidad. Uno entiende que no solo está entorpeciendo el flujo de la economía sino que además está perjudicando a sus semejantes con su torpeza. Es un acto mínimo de empatía. Ponerse en los zapatos del otro. Hay también una vergüenza más íntima, el miedo a que lo vean a uno como un pordiosero, un pobretón, alguien incapaz de permitirse un pequeño lujo lácteo. Ya decía Adam Smith que la pobreza es tanto una cuestión de dinero como de pudor. Tú, Alberto, eres pobre en diputados pero millonario en desvergüenza.

Te hemos visto últimamente en La 7 TV de Murcia denunciando no sé qué secreta trama de ingeniería electoral. Dices que la llamada ley de nietos desequilibrará el censo a favor de........

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