El precio de la guerra
El otro día escuché en la radio a un político —lo llamaremos Político Polítiquez— que pedía ayudas de excepción para paliar los efectos de la guerra en Irán. En fin, ya saben, impuestos más bajos, festines crediticios y gasolina a mansalva para que el populacho levante cabeza. Dice el señor Polítiquez que los apaños de emergencia nos han salvado el pellejo después de cuatro años de guerra en Ucrania. Casi escupo el zumo del desayuno. Cuatro años de guerra en Ucrania. Uno podría pensar que nuestra clase dirigente vive en Babia. La otra teoría, quizá más descorazonadora, es que hemos terminado por creernos nuestras propias mentiras.
En 2014, el sector primario europeo se desangraba como consecuencia del conflicto con Rusia. La oposición ucraniana había forzado la huida del presidente en un contexto general de violencia. 42 personas murieron en los disturbios de la Casa de los Sindicatos de Odesa. Rusia se anexionó Crimea. Sonaron los primeros disparos en el Donbás. La OTAN se inmiscuyó. La Unión Europea, en un histórico harakiri, impuso sanciones que se volvieron en su contra. En Polonia, Polityk Politykowicz pedía a sus ciudadanos que se zamparan con patriótico sacrificio las 600.000 toneladas de manzanas que ya no podían exportar.
Aunque Político Polítiquez no lo recuerde, la Comisión Europea y el........
