Un telepredicador para dominarnos a todos
Ronald Reagan fue una mala escolopendra inteligentísima que entendió antes de su primer mandato, allá por 1981, que podía instrumentalizar la fe para doblar la rodilla del pueblo a favor del único dios del que realmente era siervo y esclavo: el dinero. El también actor y artista de variedades –a mi abuelo le gustaban sus pelis de vaqueros– se sirvió de lo que había aprendido en la farándula y el espectáculo, en la televisión y el choubiznes, para apuntalar su carrera política gracias al camino neopentecostal ochentero, una corriente religiosa e ideológica – muy importante esto último: hacen proselitismo infame de las injerencias políticas –que extraía del imaginario cristiano sus discursos más masculinos y reaccionarios– o sea, veterotestamentarios –para fusionarlos con lo que sus séquitos denominan teoría de la prosperidad, una antítesis de la revolucionaria teología de la liberación que convierte lo espiritual en un acto individual y........
