Que un migrante calcinado no estropee las fresas con nata
Esta semana se ha producido un nuevo incendio en un asentamiento de infraviviendas en Lucena del Puerto (Huelva). Como consecuencia del mismo, ha fallecido un hombre de 36 años de origen maliense y se ha tenido que evacuar a cerca de 90 personas. Se trataba de un asentamiento de migrantes que trabajan el campo onubense para que, mientras ellos carecen de un techo digno, a nosotras y nosotros no nos falte fruta a la mesa. Es el enésimo incendio en este tipo de villas de chabolas ante las que la Junta de Andalucía mira para otro lado. Con lo sencillo que Juan Manuel Moreno Bonilla ve resolver la situación de Ceuta y en su tercera legislatura sigue sin cuidar a quienes son uno de los motores económicos de la provincia de Huelva.
Este mismo verano, mi colega Raúl Bocanegra publicó un artículo en el que describía las condiciones infrahumanas en las que los temporeros migrantes sobreviven. Aquel reportaje denunciaba la “extrema degradación” de las condiciones que sufren estas personas ante la pasividad de las Administraciones Públicas, comenzando por los ayuntamientos -que niegan el empadronamiento- y la Junta de Andalucía, que ni siquiera los tuvo en cuenta cuando azotaron las danas.
El documento titulado Asentamientos de chabolas en Huelva: 26 años de abandono institucional, elaborado por más de una treintena de asociaciones y colectivos constata que esta dramática situación no es nueva, viene de lejos, cuando el PSOE estaba al frente del Palacio de San Telmo. Lejos de contribuir a resolver tamaña ignominia, Moreno Bonilla la ha amplificado encapsulándola en una de esas burbujas de silencio que acostumbra a utilizar con todo aquello que delata su deficiente gestión.
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