La guerra que (aún) no queremos recordar
Cuando era pequeña, a veces escuchaba a mi abuelo decir que él era "republicano de Azaña" y, desconociendo yo la existencia de Manuel –presidente de la Segunda República–, fabulaba tremendas aventuras por el campo andaluz, al galope de aquellas hazañas referidas. En el instituto, la Guerra Civil nos la entregaron en fotocopias unos días antes de selectividad; apareció en el examen, pero, como jamás me la habían explicado, elegí la opción B: Constitución de 1812. Durante la carrera, tuve una asignatura de historia contemporánea, pero no fue hasta bien entrado el doctorado, a 6.000 km de distancia, que comencé a comprender el legado de sangre y desigualdad que había caracterizado nuestro siglo XX. Esta ristra de anécdotas sonará familiar a más de uno, ahora que se conmemora el 90 aniversario de la contienda, pues el olvido se fue fraguando tanto a base de políticas deliberadas como gracias a un entramado cotidiano que rechazaba regresar al fango doloroso de aquellos años 30 y la dictadura posterior. ¿Será posible explicar las sinuosidades de tal silencio? Mordazas voluntarias e institucionales, hasta que una memoria subrepticia logró aflorar, mayoritariamente, en la generación de los nietos.
Es difícil recordar, porque, bajo la estampa de un verbo........
