La fiesta de amor de Bad Bunny
Un derroche de alegría y reivindicación política fue el espectáculo que montó el cantante puertorriqueño Bad Bunny en la Super Bowl del pasado 8 de febrero. En apenas 13 minutos, el polifacético artista sacudió los cimientos culturales de una nación en la que se están produciendo redadas indiscriminadas contra inmigrantes, van ya dos estadounidenses muertos a manos del ICE, y el solo hecho de hablar español puede acarrearte numerosos problemas: por eso, que el show de este evento deportivo se desarrollase casi enteramente en este idioma y a ritmo de perreo constituye un repudio simbólico de gran calado a las políticas racistas y antidemocráticas que están arrasando Estados Unidos. En nuestra lengua y con nombre propio: "mi nombre es Benito Antonio Martínez Ocasio, y si estoy aquí… es porque nunca dejé de creer en mí; tú también deberías creer en ti, vales más de lo que piensas" –dijo mirando a la cámara–. Allá donde tener dos apellidos representa un estigma, y la población más vulnerable está ocultando su identidad y sus cuerpos injustamente criminalizados, el cantante expuso los suyos desafiante, dejando en segundo plano el pseudónimo que lo ha catapultado al........
