La doctrina y la guerra: Cómo Estados Unidos llegó al conflicto con Irán a través de la "Don-roe Doctrine"
PARTE 1: Análisis geopolítico de la Guerra Irán- EU
Hay guerras que se anuncian con mucho tiempo de anticipación, no a través de ultimátums ni de declaraciones formales de hostilidades, sino a través de la lógica lenta y acumulativa de un poder que comprende que su hegemonía se debilita y decide actuar antes de que sea irreversible. La ofensiva conjunta que Estados Unidos e Israel lanzaron el 28 de febrero de 2026 contra Irán no comenzó en esa madrugada, comenzó en el cálculo estratégico de una potencia que observa cómo el orden que construyó sobre las ruinas de la Segunda Guerra Mundial, consolidó tras el derrumbe soviético y pretendió perpetuar en los años noventa como un fin de la historia, se fragmenta ante la emergencia de nuevas economías, nuevas coaliciones y nuevas cadenas de suministro que escapan a su control. La guerra contra Irán es, en ese sentido, mucho más que una operación militar, es el síntoma armado de una crisis de hegemonía, la forma violenta en que un imperio reacciona cuando descubre que el mundo se ha vuelto demasiado grande para que una sola potencia lo administre.
Para comprender lo que ocurre en el Golfo Pérsico en estas semanas es necesario remontarse a la doctrina que la segunda administración de Donald Trump ha ido construyendo, desde antes incluso de la toma de posesión de enero de 2025. Lo que algunos analistas han comenzado a llamar la Don-roe Doctrine, en alusión a la Doctrina Monroe del siglo XIX y al nombre del presidente que la actualiza, postula una premisa que sus arquitectos no siempre enuncian en voz alta, pero que sus acciones ilustran con elocuencia, la soberanía de los demás estados del mundo es una variable contingente que Washington puede ajustar cuando sus intereses energéticos, militares, tecnológicos o electorales así lo demanden. El derecho internacional, la Carta de las Naciones Unidas, los tratados multilaterales, las instituciones de Bretton Woods, todos esos instrumentos son útiles cuando refuerzan la voluntad norteamericana y prescindibles cuando la limitan. No es una política de Estado ordinaria. Es una doctrina.
Las señales llegaron desde el otoño de 2024. Trump amenazó con aranceles punitivos a Dinamarca si no cedía el control de Groenlandia, territorio autónomo danés al que calificó de necesidad estratégica. La primera ministra Mette Frederiksen respondió sin ambigüedad Groenlandia no estaba en venta. El primer ministro groenlandés Jens-Frederik Nielsen fue igualmente claro no más presión, no más fantasías de anexión. En el mismo período, Trump declaró que haría de Canadá el estado 51 y lanzó amenazas arancelarias contra México, América Latina Incluida Colombia y la Unión Europea. La lógica era siempre la misma. La soberanía de los otros es una moneda de cambio cuyo valor fija Washington. El tablero del siglo XXI, en esta visión, no es multipolar sino unipolar o no es nada.
Pero para entender por qué esta doctrina señala hacia Venezuela e Irán y no hacia otros lugares, hay que mirar por debajo de la retórica de la democracia, las amenazas nucleares y la lucha contra el narcotráfico. Venezuela posee las mayores reservas de petróleo del planeta, el 17% del total global. Irán controla el Estrecho de Ormuz, arteria por la que transita el 20% del comercio mundial de hidrocarburos y es la cuarta reserva de petróleo más grande del mundo. Son los dos nodos más estratégicos del sistema energético que alimenta las economías del siglo XXI, y el control de esos nudos es la palanca sobre la que se asienta la hegemonía que los próximos cincuenta años distribuirán entre quienes sepan retenerla. El petróleo no es solo gasolina, es el insumo que alimenta los centros de datos de la inteligencia artificial, cuyos modelos consumen cantidades industriales de electricidad,........
