Saylí Alba, sobre Sancti Spíritus: “Único lugar donde están todos mis sueños”
Saylí Alba Álvarez (Sancti Spíritus, 1980) es Licenciada en Educación, especialidad Historia; Máster en Ciencias de la Educación Superior y Profesora Auxiliar. Ha colaborado con artículos relacionados con las Ciencias Sociales y Humanísticas en revistas internacionales como Educación y Sociedad, Qvdrata, Debates por la Historia, Anales de la Ciencia, y Signos, entre otras.
Es además autora, en el género de narrativa, de los volúmenes Los ríos de babilonia (2006), El cielo de los perros (2018) y El padre nuestro (2026).
Algunas de sus sus investigaciones sobre temas de la cultura popular se recogen en los libros El gallo que es fino y canta (Ediciones Luminaria, 2012 y 2017); Claves y Rumbas en Sancti Spíritus (CIDMUC, 2022); ¡Ya los Pinares tienen su ritmo! (Ediciones Luminaria, 2023).
Por su labor literaria y científica, Saylí Alba ha recibido numerosos reconocimientos.
Relata brevemente cómo fueron tus inicios en la literatura.
Desde niña me gustaba escribir. No sé cómo ocurrió, pero cuando descubrí las primeras letras sentí un amor inmenso por la literatura y por aprender. Desde los seis años, los libros fueron una ilusión grande, que no rebasaban ni los juguetes ni los paseos. Aún vive en mí ese amor. Leer, descubrir nuevas historias y aprender, sigue siendo mi razón fundamental.
En la primaria escribía novelas en libretas y en hojas sueltas que luego dejaba regadas por cualquier parte de la casa. Estudié en una escuela antigua, era un colegio de sacerdotes y, al parecer, eso influyó en mi formación. Tuve una excelente bibliotecaria, Nancy Zamora, que nos leía cuentos y nos contaba historias, novelas que luego descubría asombrada con el paso de los años. Por ejemplo, estando en sexto grado nos narró Jane Eyre, Rebeca y Heidi entre otras.
Toda mi vida he escrito, la mayor parte de esos textos se ha perdido, porque no siempre escribo con un objetivo. En la Universidad participé en tertulias. Sentí que lo que narraba a mis compañeros les gustaba.
¿Comenzaste “cometiendo” poemas?
Nunca escribí poemas. Desde hace dos años hago algunos intentos de poesía. Son voces que llegan y las escribo como prosas poéticas.
¿Te formaste en talleres literarios?
En Sancti Spíritus, llamé un día a la Casa de la Cultura preguntando si alguien asesoraba a los que escribían, y ocurrió que la persona que atendió la llamada era una consagrada asesora literaria de esa institución. Ahí hubo un milagro, una alineación de los astros. Conocí a muchos escritores de la ciudad: Esbértido Rosendi Cancio, Rigoberto Rodríguez Entenza (Coco), Yolanda Rodríguez Toledo, Luís Mateo Lorenzo, Reinol Cruz, entre otros a quienes recuerdo con mucho cariño. La cita era los miércoles a las cinco de la tarde y aquel encuentro era una fiesta, algo muy especial, muy lindo.
Jamás falté a uno de esos talleres. Fui embarazada, y la primera salida con mi hija recién nacida, metida en un cochecito, fue a la Casa de Cultura. En esa época estaba el Taller Provincial, que conducía Esbértido Rosendi. Ahí venían otros escritores de los municipios. Por tanto, para mí los talleres fueron esenciales. Agradezco mucho que otras personas, con una obra ya reconocida, dedicaran tiempo a mis primeros intentos literarios. En esos talleres no solo se revisaban los textos, sino que se hablaba de literatura.
Había terminado la Universidad sin saber de las monumentales obras de Mario Vargas Llosa, de Borges, que fue un asombro para mí; y de Saramago. A todos esos autores los conocí en los talleres literarios.
¿Lo publicado por ti en narrativa hasta el momento son novelas o colecciones de cuentos?
He publicado conjuntos de cuentos y una novela; y en mi computadora hay dos novelas más terminadas y otros dos libros inéditos de cuentos.
¿Hay temas recurrentes en tu trabajo literario? ¿De dónde viene tu narrativa?
Son temas recurrentes en mí la familia y la infancia. Me gusta narrar desde la voz de niños. Mis personajes frecuentemente son menores en situaciones difíciles, caóticas; es la forma que he encontrada de denunciar el abuso infantil, el abandono familiar y la sensación de soledad que padecen muchos niños.
Escribí un libro que titulé El Padre nuestro. Los cuentos son historias de niños a los que los adultos les han complicado la vida, ya sea porque son hijos de alcohólicos, porque sufren burlas en las escuelas, o niñas que han sido abusadas sexualmente. Historias que han llegado a mí. Con ese libro gané “Mi Ciudad”, un premio muy querido por todos los escritores. Y la verdad es que estuve muy feliz.
¿Reconoces influencias de otros escritores en tu proceso formativo, ya sea a través de sus obras o de su frecuentación personal?
No sé exactamente qué escritores han influido en mi narrativa. He leído mucho. Toda mi vida he estado acompañada de libros. Quizás la novela El mendigo bajo el ciprés, de Guillermo Vidal, tuvo algo que ver en el largo aliento con que cuento las historias. Es posible que la narrativa de Aida Bar me influyera, pues me gustaba muchísimo y leí todo lo que encontré de ella; también María Elena Llana. Ando con todos a cuesta. Los llevo conmigo.
¿Cuál de tus libros de ficción crees que da a cabalidad la medida de tu estatura como escritora, aquel que recomendarías especialmente a quien quiera conocer esa lado de tu naturaleza creadora?
Me sucede algo muy extraño. Nunca considero que un libro esté terminado. Cuando los dejo descansar y vuelvo sobre ellos, a veces no me gustan tanto. Siento que han perdido la fuerza, y los sigo reescribiendo.
Paso largos períodos de tiempo sin publicar porque me cuesta ese proceso. Creo que mi primer libro, Los ríos de Babilonia, es lo mejor que he escrito. Gané dos premios con ese cuaderno. Son historias de mujeres, de nostalgias, de despedidas y también es un libro sobre el amor. Le puse ese título por el Salmo 137 de David: “En los sauces que allí crecen habíamos colgado nuestras arpas”, también por la famosa canción. Esa imagen de aquellos hombres y mujeres arrancados de su tierra........
