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27.01.2026

La geopolítica del siglo XXI ha dejado de ser un debate sobre ideologías para convertirse en una disputa por el control del tablero. Ya no importa quién tiene la razón diplomática, sino quién tiene la capacidad de apagar y encender la realidad a su antojo. Lo que se vio en Venezuela no fue solo una operación militar, sino la prueba de una superioridad técnica aplastante. La soberanía de los países se disuelve cuando una superpotencia puede anular sus defensas con la misma facilidad con la que se desconecta un electrodoméstico. En este nuevo escenario, la tecnología no es un simple apoyo, sino el verdadero campo de batalla donde se deciden las nuevas fronteras.

La ejecución técnica de la operación, descrita por expertos, revela un dominio total del espectro electromagnético y el ciberespacio, validando la doctrina de la guerra multidominio. No fue necesario un desgaste de infantería porque Estados Unidos aplicó lo que en ingeniería electrónica se conoce como inteligencia de señales (SIGINT) y ELINT (Electronic Intelligence). Meses antes, mediante satélites y plataformas de vigilancia, se mapeó la "huella digital" electrónica, frecuencia, ancho de pulso y potencia, de los radares y sistemas antiaéreos rusos en Venezuela. Con esta librería de parámetros, se desplegaron contramedidas electrónicas (jamming) y suplantación de identidad (spoofing) que dejaron a las defensas venezolanas "ciegas, sordas y mudas". El hardware letal estaba allí, pero su software y capacidad de comunicación fueron neutralizados remotamente, logrando una superioridad de la información instantánea.

Esta........

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