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Dinamitando la institucionalidad democrática

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01.06.2026

Es seguro que al químico Alfred Nobel, que inventó la dinamita en 1866, jamás se le pasó por la mente que ese explosivo –desarrollado para la minería y la construcción, pero después usado también en la guerra– iba a servir, 160 años más tarde, para que un grupo de radicales buscara hacer estallar la democracia en Bolivia.

Así, a las muchas muertes de personas que causó tanto en su proceso de creación como posteriormente, la dinamita puede sumar ahora otro tipo de víctima en potencia: el pese a sus defectos más óptimo sistema de organización política y social fundado en reglas. Si hubiese tenido conciencia de ello, es posible que Nobel se arrepintiera más aún y no solo se tendría hoy el premio a la Paz que lleva su nombre sino otro dedicado a la defensa de la Libertad o algo semejante.

Sarcásticamente, muy lejos de la conocida aflicción que sufrió ese inventor sueco por los daños que provocó su ingenio, los dinamiteros bolivianos que se arrogan la representatividad del “pueblo” se sienten por demás orgullosos de emplear tal bomba en cada marcha, manifestación y bloqueo que protagonizan, sin preocuparse en lo más mínimo por estar atentando contra la vida o contra bienes públicos y privados.

Es tan evidente que ahí radica su poder intimidatorio que han llegado a declarar esa herramienta de muerte como su “patrimonio histórico y cultural”,........

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