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Vamos a contar mentiras (I): el consenso científico

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31.07.2026

Es el término “consenso” una de esas palabras mágicas que consigue cerrar discusiones, apaciguar controversias y hasta ligar agua con aceite como si tal cosa. Tú dices que sobre algo que “hay consenso”, y cierras bocas. Pues bien, me aventuro a decir que incondicional “consenso” no hay en casi nada, o mejor diré que en nada. Podríamos pensar en las situaciones más extremas que nos pasen por la cabeza, y no hallaremos tras ellas un consenso absoluto. De hecho, aplicar el calificativo de “absoluto” es aquí innecesario por redundante, como cuando queremos sobrevalorar la gratuidad de algo adosándole el apellido de “total”: algo gratis (un viaje, una botella de vino o una tableta de chocolate) es algo que no tiene precio, que te regalan, por tu cara bonita o porque a la gerencia del supermercado le ha dado un ataque repentino de generosidad comercial, sin que a cambio le debamos abonar un solo céntimo por la dádiva. ¿Queda claro? De la misma forma, nos hemos acostumbrado a usar la expresión “erario público”, obviando que el erario es por defecto y siempre público: no existe de hecho un hipotético “erario privado”. ¿Entendido? Fácil me parece a mí. Bueno, pues tan sencillo no debe de ser, al comprobar que medios y sobre todo la clase política recurre a estas expresiones en la creencia de que usándolas adornan sus mensajes sociales y se muestran por ende más intelectuales que sus compañeros en la gestión de lo público (este sí).

Lo dicho: podríamos asegurar que el consenso, mereciendo su correspondiente sitio en el diccionario, se muestra en el día a día más........

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