Lo que Silicon Valley le enseña al liderazgo público
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Hay viajes que sirven para cambiar de paisaje. Y hay otros que cambian la manera de pensar. Mi paso por Silicon Valley pertenece a la segunda categoría.
Como consultor político, inevitablemente observo el mundo desde la óptica del liderazgo, el poder y la transformación institucional. Por eso tenía una deuda pendiente: conocer de cerca los ecosistemas donde nacieron dos de las organizaciones que más han redefinido la forma en que la humanidad innova, decide y resuelve problemas: Apple y Google.
No fue una visita turística. Fue una inmersión para entender cómo piensan quienes están diseñando el futuro. Y, sobre todo, para entender qué lugar le están dejando al ser humano dentro de ese futuro.
También recorrí la Universidad de Stanford, probablemente la mayor fábrica de innovación del planeta. Allí comprendí que las revoluciones tecnológicas no aparecen por generación espontánea. Son el resultado de una cultura que, durante décadas, ha premiado el conocimiento, la experimentación, la colaboración y la capacidad de equivocarse para volver a empezar. Detrás de cada avance no hay una máquina: hay una comunidad de personas que decidieron creer antes de tener certezas.
En Apple encontré una obsesión casi religiosa por la excelencia. Todo comunica disciplina, detalle y propósito. Tuve la oportunidad de visitar el histórico garaje de Los Altos donde, el 1 de abril de 1976, Steve Jobs y Steve Wozniak comenzaron una de las revoluciones empresariales más importantes de la historia.
Ese lugar........
