El derecho internacional en un mundo anárquico y caótico
El derecho internacional nació con una ambición civilizadora: poner reglas allí donde reinaba la guerra. Su origen moderno suele ubicarse en la Paz de Westfalia de 1648, que puso fin a la devastadora Guerra de los Treinta Años en Europa.
A partir de ese momento se consolidó un principio fundamental: los Estados serían soberanos e iguales entre sí, y sus relaciones deberían regirse por normas jurídicas antes que por la fuerza. Desde entonces, muchos juristas y filósofos intentaron construir un marco normativo capaz de regular la conducta de los Estados y acabar con las guerras.
En su concepción original, el derecho internacional buscaba tres objetivos básicos: ordenar la convivencia entre Estados soberanos, reducir los conflictos armados y establecer procedimientos pacíficos para la resolución de disputas. La idea era sencilla y, al mismo tiempo, profundamente optimista: incluso en un mundo sin gobierno mundial, las normas podrían introducir cierta racionalidad jurídica en la política internacional.
Sin embargo, desde su nacimiento el derecho internacional trajo consigo una contradicción estructural. Pretendía regular la conducta de los Estados, pero carecía de un poder superior capaz de obligarlos a cumplir las normas. A diferencia del derecho interno, no tiene policía, ni tribunales obligatorios, ni mecanismos coercitivos eficaces. Depende, en última instancia, de la voluntad de los propios Estados. Esa debilidad........
