Se me pasaron los años
Parece que fue ayer. Los años pasaron con una velocidad que en la juventud resulta imposible imaginar. Sin embargo, llega un momento en la vida en que la muerte deja de ser una idea lejana para convertirse en una silenciosa compañera de viaje. No aparece para infundir miedo, sino para recordarnos una verdad que solemos ignorar: el tiempo es el bien más valioso que poseemos y, a diferencia de la fortuna o el poder, no puede recuperarse una vez perdido.
Con el paso de los años comprendí algo que antes parecía una simple frase: nadie es eterno. Un día me detuve a contar mis años y descubrí que me queda menos tiempo por vivir del que ya he vivido. Fue una revelación sencilla, pero profunda. Me recordó la historia de aquel niño al que le regalaron varias golosinas. Las primeras las disfrutó sin demasiada atención porque sabía que tenía muchas más. Pero cuando vio que quedaban pocas, comenzó a saborearlas lentamente, apreciando cada una de ellas. Así ocurre con la vida. Cuando........
