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Il dubbio è mobile

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01.06.2026

En el caso de la familia Sánchez, Pedro, Begoña y David, los tres han tenido un afán extraordinario por ascender en la escala del mérito intelectual.

La verdad es que no salgo de mi asombro con este hermanísimo, otro en nuestra historia reciente, del que se sabe más bien poco y lo poco que se sabe se sabe muy poco. Como soy un pionero en esto de los hermanísimos –investigué durante años a Juan Guerra desde 1990 como puede acreditarse en la hemeroteca de El Mundo -, debo reconocer que el nuevo caso, ahora en pleno juicio, no es ni picaresca. Es como una paparrucha gigantesca de la que pocos saben algo.

Juan Guerra al menos era simpático y sabía. Me reuní con él bastantes veces. Había aprovechado su momento de cercanía al poder para desarrollar un dominio propio en el PSOE, sobre todo el andaluz, y en su circunstancia, la Junta de Andalucía. No presumía de intelectualidad porque su universidad fueron la calle y los recovecos del poder inmenso de aquel partido. Era más que nada una especie de pretoriano de su hermano que pretendía mantener el espanto jacobino que aquel irradiaba. Y, bueno, algo de dinero por aquí y por allí, pero nada relevante, visto lo hoy visto.

Pero en el caso de la familia Sánchez, Pedro, Begoña y David, se observa un primer carácter pasmoso. Los tres han tenido y tienen un afán extraordinario, por lo fatigoso y complejo de esconder, por ascender en la escala del mérito intelectual, por parecer lo que no se es, por simular que su bagaje cultural es superior a la media y que ello legitima para hacer bellaquerías sin........

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