El gran teatro de mundo
El gran teatro de mundo
Nuestro destino está siendo decidido por un solo hombre, sin que la democracia sirva para nada.
Puede verse así, naturalmente. Con medios más escasos ya lo vio así el gran Calderón, siempre tan desdeñado. Que la vida y la realidad humana pueden interpretarse como un teatro en el que cada cual representa su papel, no era nueva, pero adquirió envergadura trascendental desde entonces. ¿Qué podría ser sino comedia, demasiadas veces tragedia, ese trajín de modos y relaciones de producción, luchas de clases y partidos profesionales para la izquierda? Peor, porque en esa obra no hay conciencia, salvo de la clase y a saber qué era eso.
Ahora que los astronautas de la Artemis II se alejan de la Tierra puede verse el planeta en su conjunto como un escenario global. Ante esa visión de nuestra grandeza y nuestra nimiedad y cuando a la Semana Santa le llega la Resurrección, en Sevilla o en Zamora, en Guatemala, en Popayán o Ayacucho – hispanoterapia merecida - , uno siente a su corazón y sueña con la esperanza. ¿Es que será malo delirar con una humanidad reconciliada y con su paz perpetua?
Nos dura poco la embriaguez del incienso. Al poco sale Trump – in God we Trump -, y nos despierta del sueño buenista con sus cales y arenas. Tras extraer a Maduro, ilusionar a los demócratas cubanos, atacar a los tiránicos ayatolás y dar un papirotazo al desorden mundial que pone en peligro la supervivencia occidental........
