Más allá de Maricarmen: dos preguntas sobre desahucios que la izquierda teme hacerse
Más allá de Maricarmen: dos preguntas sobre desahucios que la izquierda teme hacerse
Parece claro que lo de estos días es sólo el primer acto de la izquierda ante una campaña electoral que se intuye muy larga.
La polémica de esta semana es intocable. Los unos acusándote de querer echar a la calle a una señora de 87 años. Los otros recordando el valor de la propiedad privada y la seguridad jurídica (y las consecuencias de segundo orden de prohibir los desahucios, como hace aquí, muy bien, mi compañero Daniel Rodríguez Herrera). Los de más allá asegurando que el problema nace con las leyes machistas de mediados del siglo XX. Los de más acá recordando que, en realidad, la ley que le permitió vivir junto al Retiro durante 70 años fue, ¡sorpresa!, franquista y que las que modificaron las condiciones del alquiler (primero en los 80 y luego en los 90) fueron aprobadas (y bien aprobadas) con el PSOE en el Gobierno.
Como, además, tenemos a las redes sociales para ilustrarnos, ya somos todos expertos en las normas sobre renta antigua, subrogaciones y vulnerabilidad. Al final, parece claro que lo de estos días es sólo el primer acto de la izquierda ante una campaña electoral que se intuye muy larga.
Sin embargo, en medio de todo este ruido, hay al menos dos preguntas obvias que casi nadie se está planteando.
La primera es la que tiene que ver con la solución habitacional y la vivienda digna. Desde que hace una década este tema de los desahucios (siempre con gobiernos de la derecha, por supuesto) entró en nuestra agenda política y mediática, la fórmula repetida ha sido siempre muy parecida. Más o menos del estilo: "Nadie en una situación de vulnerabilidad debería ser expulsado de su casa si no se le garantiza una alternativa habitacional digna".
Que suena muy bien, hasta que uno se pone a analizarla. Lo primero, porque deja al propietario a expensas del ayuntamiento, consejería autonómica o ministerio de turno. Es decir, el Estado delega la política social en el propietario. Porque si ese mismo Estado (poderoso y con recursos muy superiores a los de cualquier empresa) no consigue la "alternativa", el que tiene que cargar con el problema es alguien que no tiene la culpa de nada.
La "alternativa habitacional"
Pero, incluso este punto tan importante, lo vamos a dejar hoy al margen. Porque la clave es lo de la "alternativa habitacional". ¿Qué significa? Pues, en cuanto uno lo piensa un rato, muy poquito. En el caso que tenemos........
