Pedro Sánchez detesta la fruta
Pedro Sánchez detesta la fruta
El próximo Gobierno debería aplicar cambios constitucionales y penales para que ningún político esconda su abusos detrás de la naturaleza política de sus decisiones.
Andaba muy preocupado Pedro Sánchez por cómo iba a pasar a la historia apenas estrenado su primer mandato. La anécdota la contó Máximo Huerta, aquel ministro de Cultura que duró seis días en su primer Gobierno. Vista hoy resulta reveladora: Sánchez apenas había empezado a gobernar y ya estaba pendiente del perfil de su estatua.
Puede dejar de preocuparse por la melonada. Pasará a la historia con un expediente de mentiras, arbitrariedades, corrupción institucional, desprecio a la palabra dada y un narcisismo político que la calle ha acabado coreando de la manera más brutal: "¡Pedro Sánchez, hijo de puta!". Ya apenas puede salir a la calle sin escucharlo, ni hay manifestación donde no se coree su epitafio.
El ripio delata la impotencia y la rabia de un pueblo que asiste impávido a la destrucción de una nación, al deterioro de sus instituciones y al despotismo de "un Gobierno de charlatanes" sin más objetivo que servirse del Estado en lugar de servir a sus ciudadanos. Lo más parecido al secuestro de un Estado por su presidente.
Y cuando ya parecía imposible mayor inmundicia, aprovecha la tragedia de Ceuta para gestionar el avance de la ultraderecha alemana con una letanía insoportable: "El mundo nos mira […] Así llevamos ocho años, y el año que........
