¿Nos toma por primos la Ley de Nietos?
¿Nos toma por primos la Ley de Nietos?
El debate no consiste en decidir quién es más humano, sino en algo mucho más concreto: si otorgar la nacionalidad por razones históricas debe comportar necesariamente el derecho a decidir sobre el gobierno de un país en el que nunca se ha vivido.
Ante la Ley de Nietos estamos frente a otra iniciativa del sanchismo envuelta en el habitual chantaje moral: si te resistes o la cuestionas, te deshumanizan. Sólo sus políticas son sociales. El resto, insensibles y de ultraderecha. Parece que todo lo que diseña el sanchismo fuera instrumental.
El mejor ejemplo fue la ley de amnistía: se concedió para asegurar la presidencia del Gobierno y se vendió como el camino hacia la paz social. Con la Ley de Nietos vuelve el mismo recurso, ahora bajo la bandera de la reparación histórica de los exiliados de la Guerra Civil y la dictadura. ¿Quién puede oponerse a esa reparación moral?
Nuevamente nos dan gato por liebre. Vamos, nos toman por primos. Conceder la nacionalidad a quienes sufrieron el exilio, e incluso facilitarla a sus hijos, parece razonable. Concedérsela también a nietos que pueden no haber vivido nunca en España ni mantener vínculo efectivo alguno con ella resulta, cuando menos, discutible.
Pero hay algo más: no es menos democrático plantearse si nacionalidad y derecho al voto han de ir siempre e inevitablemente unidos, sobre todo cuando hablamos de ciudadanos que pueden no haber residido jamás en España, no tributar aquí ni sufrir las consecuencias cotidianas de las decisiones políticas en las que participan.
No hace falta inventarse ejemplos. En democracias europeas consolidadas existen restricciones al voto exterior. Alemania permite votar a sus nacionales residentes fuera del país si han vivido allí al menos tres meses consecutivos durante los últimos 25 años; quienes no cumplen ese requisito deben acreditar una vinculación personal y........
