Invisibles
Imagen de archivo de personas en situación de sinhogarismo. / Fernando Bustamante
En Museros, mi pueblo, asistiendo a uno de los oficios de primera hora de la Semana Santa católica, observé perplejo a un sin techo durmiendo en un banco de la calle mayor. Comenzaba el día, el sol recién iba tomando la acera donde este señor descansaba enfundado en un saco de dormir azul, con gorra, asomaban únicamente ojos y nariz por la ventanilla que quedaba libre. Creo que era hombre y blanco, aunque nada puedo asegurar.
No hice nada, ni ninguno de los asistentes al acto religioso, ni el sacerdote que, justamente en ese momento entonaba las letanías de los santos. Pasamos, casi........
