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Curarse en salud

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07.04.2026

Escuela Matinal de Nazaret. / Fundación por la justicia

Curar, cuidar, atender, sanar, vivir.

La etimología de tantas palabras que se refieren a la salud bebe sus fuentes, como no, de los clásicos griegos, aunque el poeta Juvenal dejara como referente su mens sana in corpore sano, recordando que el cuerpo es el templo donde habitamos, donde el ser humano forma un todo que trasciende de lo físico; algo tan esencial que ya Hipócrates o Platón señalaban, porque “donde quiera que se ame el arte de la Medicina, se ama también a la Humanidad”.

Quizá porque la Humanidad dejó de amarse hasta morir tras dos guerras mundiales, en julio de 1946 las Naciones Unidas acordaron la constitución de la Organización Mundial de la Salud, que empezó su actividad el 7 de abril de 1948, fecha que dos años después pasó a conmemorar el Día Mundial de la Salud.

El compromiso por la salud está convirtiéndose en el entorno global en que nos movemos en un reto ineludible. Reconocido como Objetivo 3 de Desarrollo Sostenible, busca lograr la cobertura sanitaria universal, la reducción de la mortalidad sobre todo infantil, la erradicación de enfermedades que asolan países vulnerables o, incluso, prestar atención al cuidado de la salud mental.

Son propósitos que hoy cobran una dolorosa urgencia, teniendo en cuenta que desde la pandemia de 2020 las cifras de esperanza de vida se revirtieron y que, aunque la mortalidad de menores de 5 años alcanzó en 2022 un mínimo histórico, también es cierto, según la organización internacional, que, de continuar las tendencias actuales, en 2030 morirán 35 millones de niños antes de cumplir esa edad. 

Hablamos de millones, hablamos de niños, y hablamos en el siglo XXI. La salud, el bien más preciado, cuya ausencia es la muerte –al igual que la oscuridad es la ausencia de luz-, está hoy en día todavía en precario, afectando a personas vulnerables, a tantos países en la periferia del primer mundo, a minorías étnicas, o a grandes espacios del planeta afectados por la crisis climática que trae hambre y escasez de lo más básico, incluso de agua.

Hace unos meses, Unicef, Unesco y la OMS suscribieron un comunicado llamando la atención sobre la salud mental; un tema que aparece cada vez con mayor frecuencia en los marcos normativos de Naciones Unidas, pero del que aún hay pocas referencias expresas sobre infancia y juventud. 

Y suma y sigue en nuestro mundo enfermo en el que las armas se imponen a las vacunas y los cuidados: una publicación de la OMS en marzo último reconoce que el extendido conflicto en Oriente Medio está empeorando de forma exponencial los indicadores de salud (no hablamos ya de muertes), en toda la zona.

La responsabilidad por la salud, que revierte en nosotros mismos y en nuestro entorno, inspira a las organizaciones que trabajan por los derechos humanos y en mejorar la vida de las personas. Así lo decidió Fundación por la Justicia en sus áreas de Formación y Acción Social, desarrollando el proyecto Escuela Ciudadana de Salud para mejorar los conocimientos sanitarios de la población, reforzar la salud pública y aumentar la presencia social de un organismo público como la Facultad de Medicina y Odontología, cuyos profesores y alumnos han decidido trasferir su cabal conocimiento.

Y no menos importante, con la acción centrada en el futuro, los niños, 25 menores en riesgo de exclusión, que la Escoleta Matinal de Nazaret atiende cada mañana con apoyo alimentario, hábitos saludables y acompañamiento familiar. 

Infancia y Juventud que este año constituyen el eje vertebrador de la XVII edición del Festival de cine de derechos humanos, Humans Fest.

El acervo popular es sabiduría. Cuerpo y mente se hablan, se cuidan y viven. Hay que curarse en salud, y hoy también es todo un desafío.


© Levante