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No es raro ser raro, es raro no existir

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21.03.2026

Pérez Llorca, de fallero en la ofrenda a la Virgen. / Rober Solsona / E. Press

La hora de la cena pasó y una cola larga permanece ante el puesto de buñuelos, churros y chocolate. El humo domina la noche y todo empieza a ser ceniza. Todo se acaba y la calle sigue llena de niños y mayores explotando todo lo que cae en sus manos. Tiene algo de mensaje de este mundo este intento vano de agarrarse a la fiesta, a la última masa frita, al penúltimo petardo, como si todo se acabara y ya no importaran las reglas. Mañana todo será pasado.

Hoy ya es mañana y la vida sigue ahí, agazapada esperando su momento.

Lo más sorprendente de estas fiestas cada vez más mastodónticas es su capacidad de devorar todo. No queda nada más que ellas. Los monumentos hablan de guerras, políticas y vidas, pero de lo que se habla estos días es del traje este u otro de la alcaldesa y el gran mecenas, de si tasa a los turistas o no o como lo quieran llamar, de las masificaciones imposibles en la mascletà, de la justicia en los premios, de si esa ofrenda instituida en el año franquista de 1945 (como recordaba Toni Mollà) y convertida hoy en columna central de la fiesta ha de acabar a las 3 de la mañana o hay que transformarla en un bucle de 24 horas de sonrisas y lágrimas ante la Geperudeta. Este año ya se ha conseguido que, por primera vez, el presidente de la Generalitat -hasta hace dos días un señor alcalde de Finestrat- desfile como el primer valenciano. Y también la líder de la oposición. El año que viene será noticia el candidato que no se ponga el traje o los moños. La fiesta se eleva a tema único. Autorreferencial, dicen los sabios de hoy. Imposible no estar, responden los asesores áulicos trajinando la máquina de los votos. Y no hay nada más allá: ni agenda política, ni mundo exterior, ni más música que la de charanga, ni más arte que el de cartón piedra. Un universo en sí, cada vez más grande y ensimismado.

Igual que la realidad más allá de la fiesta parece extinguirse, el ‘otro’, aquel que quiere e intenta estar al margen, cada vez existe menos

Igual que la realidad más allá de la fiesta parece extinguirse, el ‘otro’, aquel que quiere e intenta estar al margen, cada vez existe menos

No sé ustedes, pero tengo la impresión de que, igual que la realidad más allá de la fiesta parece extinguirse, el ‘otro’, definido como aquel que quiere e intenta estar al margen, cada vez existe menos. No sé, pero supone asumir que la única salida para ese ‘otro’ es el exilio. No es raro ser raro, es raro no existir.

No sé, pero debe de ser cosa de estos tiempos de tiranías. De estos tiempos de alteraciones, como decía con maestría esta semana Jesús García Cívico en estas páginas. De estos tiempos de democracias alteradas, que mantienen los ritos y los procedimientos, pero se deja de cultivar la ciudadanía, que es el fondo, algo tan básico como el respeto al otro, al que piensa de otra manera o tiene otros gustos. Siga usted ahí, su voto es importante, pero estos días no cuenta.

Debe de ser cosa de estos tiempos en que regresan los ataúdes envueltos en banderas, pero lo realmente importante son las décimas que ya han subido los combustibles. Lo raro es que no produzca pudor. Lo raro es haber institucionalizado el egoísmo.

Debe de ser cosa de estos tiempos en que todo es presente y el pasado cae rápido de la pantalla, tanto como lo que cuesta deslizar el dedo y pasar a la siguiente escena. Hasta que vuelva en algún momento con otro movimiento digital o con la alerta de un mensaje. Es lo que a mí me ha pasado. De pronto, un texto desde la lejana Ucrania a través de alguien querido que nació allí, estuvo aquí y lleva toda una guerra allí, donde sobrevivir es el único objetivo.

“Casi todas las noches hay bombardeos en Kyiv y en la región. A muchísimos chicos los están llevando a la guerra ((((¿Te puedes imaginar que a veces los reclutan en la calle?))) Un chico puede simplemente ir caminando, de repente se detiene un coche y salen policías. Supuestamente empiezan a revisar los documentos y luego simplemente lo meten en su automóvil y lo llevan a una base donde lo entrenan para militar. Es decir, puedes ir tranquilamente al trabajo y por la noche estar en una unidad militar. Por eso hay pocos jóvenes en las calles. Los chicos tienen miedo. Ya estamos muy cansados de la guerra…”

Otras vidas. Otros mundos. Los días son arena pesada que lo entierran todo.

“Vengo del futuro”, dijo a modo de Es-Alert una actriz que venía de la Argentina de Milei al recoger un goya, hace nada.

‘Esto también pasará’. Es una plegaria otomana que antes colgaban en casas de Estambul para atraer la riqueza. Lo cuenta el escritor Zülfü Livaneli. Me atrae la ambigüedad de la frase, como el título de esa novela que Milena Busquets nunca ha dejado de escribir. También esto pasará. No sé bien qué es más. No sé si es que también esto, la dicha o la muerte, sucederá o si este momento será pasado algún día. Como buena plegaria, ambas interpretaciones valen. Todo será verdad.

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También esto pasará. Quizá tienen razón los que se lanzan al último buñuelo y al penúltimo masclet, soñando que mañana no será hoy.

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