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Eso tan delicado de la civilización

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18.04.2026

Migrantes, ayer, en cola ante el consulado de Colombia por el proceso de regularización. / Miguel Angel Montesinos

La primavera trae los mejores días del año y la luz más bella. También los riesgos y los miedos. En los últimos años en el patio de casa han aparecido algunos nidos, a veces en los rincones más raros. No hay primavera que no llegue el momento crítico: cuando se deja ver por tierra un pequeño animal recién venido al mundo, débil, diminuto, indefenso y dependiente para sobrevivir. Sorprende la potencia con la que anuncia su presencia y reclama alimento. Temo el momento, porque nunca sabes qué hacer, qué es mejor. No hay primavera que no haya que decidir: devolver el pequeño al nido, intentar alimentarlo o no hacer nada. Esta primavera ha vuelto a pasar. Algo así debe ser la civilización: actuar, comprometerse, intervenir para intentar que el mundo sea algo mejor, más seguro y más bello con un mirlo o un orfeo más entre las ramas. Ayudar, simplemente, al débil, al que lo tiene complicado para sobrevivir, porque se ha caído del nido o porque está solo en esta parte del mundo o porque llueven las bombas a su alrededor. Sanidad, atención social y solidaridad, traducido en conceptos políticos.

¿Qué problema existe ahora con dar papeles a quienes llevan meses trabajando aquí, al lado de nosotros, en nuestras casas muchas veces? En la........

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