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Balada triste de Sarajevo

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17.06.2026

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La guerra significa drama, dolor y muerte, tedio y espera, pero también se aceleran las biografías. En algunas personas el tiempo es más relativo que en otras, que parecen tener años de perro. Dario Daco Džamonja es una de ellas. Nacido en Sarajevo, vivió la vida de manera trepidante, multiplicada por el destino trágico de la capital bosnia. Periodista y narrador, todavía hoy conserva estatus de escritor de culto, como exponente del talento, pero también de lo grotesco y triste que tiene la ciudad en sus entrañas.

El arrojo de Sajalín editores y del traductor Marc Casals es encomiable, porque nos ofrece a un autor de esencia local, sin los focos mediáticos ni premios ni traducciones a idiomas extranjeros, que probablemente terminarán por llegar con el paso del tiempo (después de la versión española de Cartas desde el manicomio ha salido la inglesa, traducida por una hija del autor, Nevena).

Esta es una suerte de crónica biográfica de ida y vuelta. El autor, herido durante el asedio, decidió marcharse a Estados Unidos para estar cerca de sus dos hijas, de sendos matrimonios con una bosnia y una estadounidense. En su relato, Džamonja no vivía ningún sueño americano: saltaba de un trabajo precario a otro, persistía en su desafuero alcoholizado y convivía con las resacas como si fueran estados de ánimo, pero seguía pensando y escribiendo desde su ciudad de origen; hasta que no aguantó más y volvió a la capital bosnia, para dejar una frase mítica frente a la cámara (según el prólogo de Casals): “Prefiero morir como escritor en Sarajevo que como........

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