Carta desde Madrid: Hachas y lilas
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Hace unos días me tomé unas cervezas con una amiga ginecóloga que vive en el barrio Quintana de Madrid. Íbamos paseando por unas calles que, por su fealdad y encanto, me recordaban a las calles en las que me crié, obreras, viejas y residenciales, y de pronto atravesamos una llamada Fernando Pessoa. Yo solté un sonido como de grulla emocionada, porque no esperaba encontrarme una calle con ese nombre en medio de Ciudad Lineal. Mi amiga ginecóloga me preguntó sorprendida: “¿Quién es?” Un poeta portugués, le respondí yo; un poeta muerto que me gusta mucho.
Nos detuvimos en la esquina, en el bar Ruano, a mirar la placa de nomenclatura en la que ponía el nombre de la calle, y mientras yo le hacía una foto nos dimos cuenta de que esa luz primaveral de las siete de la tarde era perfecta. Así que decidimos quedarnos ahí, bajo el sol naranja, sentadas en unos taburetes altos de metal de uno de esos locales que ya es casi imposible encontrar en el centro, con rótulos rojos de los años ochenta y un interior oscuro, con olor a comida y........
