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Política y moral

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04.01.2026

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El gobierno de Mariano Rajoy ha cumplido dos años. En algunos sentidos, le ha ido relativamente bien. Aunque el desempleo sigue siendo enorme, el fin de la crisis parece aún lejano y la mejora en ciertos indicadores todavía no se nota a pie de calle, la economía española no vive en la situación de pánico en la que estaba hace un tiempo. En una época de velocidad y ciclos de noticias vertiginosos, la tranquilidad de Rajoy, con su aspecto de hombre de orden y casino de pueblo, resulta deprimente pero quizá sea eficaz. Hemos visto más recortes que verdaderas reformas, pero la solidez de la mayoría absoluta y el poder territorial le han permitido sobrevivir a la investigación de una trama de corrupción en su propio partido que ha provocado movimientos castizamente shakespearianos y reveló la influencia de Edward Lear en María Dolores de Cospedal. Habrá que ver si la estrategia calmada del presidente del gobierno funciona para desactivar el desafío independentista en Cataluña.

También ha habido en su gobierno medidas y tendencias desafortunadas. La decisión de privar a los inmigrantes ilegales de cobertura sanitaria no es solo una medida áspera que se justificó con argumentos populistas, sino que puede ser peligrosa para el resto de la ciudadanía. El Partido Popular tampoco ha sido ejemplar en su relación con los medios. Los periodistas tenemos la costumbre de reivindicar la importancia de nuestro trabajo para la democracia, y a veces eso me recuerda las famosas declaraciones de un mafioso: “Senador, ser poderoso es como ser una dama. Si tienes que decir que lo eres, probablemente no lo seas”. Pero en ocasiones el gobierno parece opinar que la idea de que los ciudadanos de una democracia deben estar informados es una manía un tanto molesta. En España se han generalizado las ruedas de prensa sin preguntas. Cuando........

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