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Entrevista a Gideon Rachman: “Estábamos programados para pensar que un líder de éxito debía ser demócrata y liberal”

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30.12.2025

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Gideon Rachman (Reino Unido, 1963) es periodista. Estudió historia en Cambridge, trabajó quince años en The Economist; es el principal comentarista de asuntos exteriores en el Financial Times. En La era de los líderes autoritarios (Crítica, 2022) combina el ensayo y el reportaje –ha entrevistado a muchos de sus protagonistas, a sus opositores y colaboradores– para trazar una taxonomía de los líderes fuertes, con un componente antiliberal y nacionalista, que han surgido en los últimos años: desde Putin a Modi pasando por Trump, Orbán, Bolsonaro o Duterte. Analiza las similitudes y diferencias, las condiciones que han facilitado su ascenso y su capacidad para debilitar las instituciones de la democracia liberal y para construir una nueva época autocrática. Hablamos el día 8 de septiembre, por Zoom, y acabamos un poco antes porque tiene que escribir sobre la muerte de la reina Isabel II.

Habla de los “líderes fuertes”. Hay muchas diferencias entre ellos.

Supongo que el aspecto más controvertido del libro es vincular a un líder autoritario, como Xi Jinping, en un país que nunca ha sido una democracia y dirige un sistema totalmente autoritario, con gente como Donald Trump en Estados Unidos o incluso Boris Johnson en el Reino Unido, que operaban en sistemas democráticos. Pero el argumento del libro es que hay vínculos entre esos líderes. Obviamente, el contexto en el que actúan es muy importante. Unos pueden decidir si continúan en el poder y otros no, por ejemplo. Pero hay características comunes que señalé en el libro. Y eso se volvió particularmente claro cuando Donald Trump llegó al poder. Lo que me llevó a escribir el libro fue caer en que siempre hemos pensado que los líderes con este tipo de instintos eran extraños a las democracias maduras de Occidente, que nunca tendríamos a un líder así en Estados Unidos. Y sin embargo lo tuvimos. Por eso pensé que era legítimo llamar a esta época la era del líder fuerte.

¿Cuáles son las características comunes?

La más importante es el culto a la personalidad, la idea de que estos líderes, estén en una democracia o en un Estado autoritario, tienen cualidades personales que los capacitan de forma única para dirigir el país. Ese es realmente el núcleo de su atractivo político. No dicen: represento a un partido político o una ideología. Dicen que tienen fortalezas y cualidades personales únicas que los hacen indispensables. En su discurso en la convención del Partido Republicano de 2016 Trump enumera todos los problemas de Estados Unidos y dice que él es el único que puede arreglar las cosas. Y eso es lo que dicen todos estos líderes. Tras la anexión de Crimea en 2014 el presidente de la Duma dice: sin Putin no hay Rusia. Este tipo de mensaje tiene una forma algo más suave en India, donde el historiador Ramachandra Guha ha dicho: “desde mayo de 2014, los enormes recursos del Estado se han dedicado a impulsar la idea de que India es Modi y Modi es India”, hasta el punto de que si te vacunas en India el certificado de la vacuna llega con una foto de Modi. El culto a la personalidad es crucial y conduce a otro par de cosas. Primero, si dices que lo fundamental es el líder, está por encima de las instituciones o la ley. Es una forma de ver el mundo inherentemente antidemocrática. De eso se deriva el argumento de que necesitamos un líder fuerte porque nos enfrentamos a una crisis. Y la crisis normalmente se presenta como doméstica e internacional. Trump decía: make America great again. Pero otros líderes comparten ese nacionalismo: Putin intenta que Rusia vuelva a ser grande. Decir que el país ha sido humillado, que hay una amenaza exterior, da una justificación para un líder fuerte. A menudo hay también una amenaza doméstica, con frecuencia señalan la inmigración ilegal, como fue en el caso de Trump. Una vez tienes estos cultos de personalidad, dices que hay una crisis. Y eso sugiere la idea de que necesitas al líder fuerte y que no debe jugar con las reglas democráticas normales, debería poder suspender las leyes o cambiar la constitución, alargar su estancia en el poder, todas esas cosas. Es algo que vemos en las democracias y en las autocracias.

No usa mucho la distinción, pero la mayoría de los que aparecen son líderes de derecha.

Sí. Tienden a decir –de una manera levemente fascista– que izquierda y derecha no es una categorización relevante. Prefieren decir que es la nación contra los globalistas. Es la división que les gusta. De Marine Le Pen, que perdió las elecciones en Francia pero que está en la misma zona ideológica, seguramente tú y yo y los medios franceses diríamos que pertenece a la extrema derecha, pero ella respondería: no se trata de eso, se trata de la nación, de los patriotas contra los globalistas. Y Putin también se presentaría así, y es también parecido a lo que hacen Xi en China y Modi en India. Dicen: “soy el que representa la esencia de la nación y la protejo contra fuerzas internacionales”. Eso no significa que no quieras comerciar, pero la retórica se centra en la nación. Aunque digan que las categorías de izquierda y derecha no significan nada, yo creo que dicen algo. Por supuesto, también hay populistas de izquierdas, pero los de derecha han tenido más éxito. Durante el ascenso de Trump tenías también el de Bernie Sanders, de izquierda: los dos representaban el rechazo a los políticos centristas tradicionales. En el Reino Unido tenías a Jeremy Corbyn, que era un populista de izquierda, en el mismo momento en que tenías el movimiento del Brexit. Hay más casos de populistas de izquierda con tendencias autoritarias que llegan al poder en América Latina, como Castro, Chávez o Maduro, y quizá otros.

AMLO aparece en el libro, sería un caso de líder fuerte de izquierdas.

Es un buen ejemplo. México no es un país que conozca........

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