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Mill, Hayek y el liberalismo: Dos caminos hacia la libertad

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01.09.2026

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He pasado buena parte de los últimos seis meses con John Stuart Mill y Friedrich Hayek, dos apóstoles de la libertad.

Los dos ofrecían justificaciones muy distintas de la libertad. Sus conclusiones últimas son bastante cercanas, pero difieren de un modo intrigante.

Mill tenía una visión romántica acerca de quienes eligen (acerca de ti y de mí, y de lo que sabemos y de lo que somos capaces de hacer), mientras que Hayek no albergaba ninguna visión romántica de quienes eligen (ni de lejos). Tenía una visión romántica, o algo parecido, de los órdenes no diseñados y las tradiciones, y una idea escéptica de los planificadores.

Mill ponía el énfasis en los individuos, su conocimiento, su potencial y su capacidad de acción. Hayek ponía el énfasis en los mercados y las tradiciones, y en los planificadores estatales y lo que estos no pueden saber.

Hayek estaba un poco obsesionado con Mill, y era muy crítico con él. En alguna ocasión, creo, incluso fue un poco cruel. Es una historia larga e intrigante.

Me tienta decir que Hayek se formó, en buena medida, en la economía austriaca, el fascismo, el comunismo y el socialismo, y que ese simple hecho ayuda a explicar la diferencia entre ambos. Pero sé que es demasiado simple. Me tienta decir que Mill se formó, en buena medida, a partir de Harriet Taylor, y del efecto que tuvo en su vida su intensa relación, y el escándalo que provocó. Pero sé que eso también es demasiado simple. Volveré sobre el asunto más adelante.

Primero, las conclusiones.

Mill, por supuesto, defendía el principio del daño: “El único fin que autoriza a la humanidad, individual o colectivamente, a interferir en la libertad de acción de cualquiera de sus miembros es la protección propia. Que el único propósito por el cual puede ejercerse legítimamente el poder sobre cualquier miembro de una comunidad civilizada, contra su voluntad, es impedir que se cause daño a otros”.

Hayek no creía que el principio del daño estuviera muy desencaminado, pero tenía dos objeciones.

En cierto sentido, Hayek pensaba que el principio del daño protegía demasiado. Aquí Hayek distinguía su postura de la de Mill, y señalaba que este “dirigió su ataque más duro contra esa ‘coerción moral’”. A juicio de Hayek, Mill “probablemente exageraba los argumentos a favor de la libertad”. Eso es toda una sorpresa: Hayek no era famoso por quejarse de que la gente exagerase los argumentos a favor de la libertad.

(Para Mill era muy importante que el principio del daño se extendiera a la “coerción moral”. Ese aspecto le preocupaba mucho.)

Hayek también pensaba que el principio del daño protegía demasiado poco. Sostenía que Mill dejaba la puerta demasiado abierta a la coerción oficial. Si no me río de tus chistes, ¿te he hecho daño?

Hayek llegó a decir que “el rasgo más notorio del liberalismo, el que lo distingue tanto del conservadurismo como del socialismo, es la idea de que las creencias morales sobre cuestiones de conducta que no interfieren directamente en la esfera protegida de otras personas no justifican la coerción”. Eso suena cercano a Mill, y hasta podría verse como un intento de actualizarlo y ser........

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