Jorge Ruffinelli, in memoriam
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Recuérdame
Conocí a Jorge Ruffinelli hace veinticinco años. Yo empezaba el doctorado en Stanford y él ya llevaba tiempo enseñando allí. Antes había pasado por la Universidad Veracruzana, donde llegó como investigador invitado y terminó quedándose cuando la dictadura uruguaya decidió que era más conveniente tenerlo lejos. Nunca volvió a vivir en su país.
Nuestros primeros encuentros fueron difíciles. Ruffinelli (1943-2026) pertenecía a una generación que todavía le concedía a la Revolución cubana el beneficio de la duda, que miraba a Nicaragua y más tarde a Venezuela con una mezcla de esperanza y lealtad retrospectiva. Mi generación, en cambio, había aprendido a desconfiar de todo eso. Nos parecía que América Latina no necesitaba más redentores ni más excepciones históricas. Podía discutirse todo (la literatura, la tradición, incluso la propia izquierda), pero había un punto que ya no admitía matices: la democracia no era una promesa futura ni una estrategia transitoria. Era el piso. Todo lo demás venía después.
Esa diferencia aparecía también en el aula. El primer curso que tomé con él fue sobre cine latinoamericano. Pasamos semanas discutiendo La hora de los hornos, el conocido documental de Fernando Solanas y Octavio Gettino. A mí me parecía, entonces, que esa película condensaba lo peor del cine político latinoamericano: el gesto doctrinario, la subordinación de la forma a la consigna, la certeza moral que elimina el conflicto. Mi trabajo........
