Como un pájaro en el alambre
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La fase inicial de la transformación alquímica se llama nigredo, y Nigredo se llama el libro de poesía de Marta del Pozo que acaba de publicar la editorial Bartleby. La nigredo consiste en la descomposición de la materia en un estado original a partir del cual se puede ascender hacia las fases siguientes, hasta la conversión en oro y la consecución de la piedra filosofal. A pesar de la alusión alquímica, que despierta en nosotros fantasías medievalizantes, el libro parece de entrada avanzar en un mundo cotidiano que incluso se nos presenta un poco infranqueable, lo que es más evidente dado que la persona que escribe viaja por distintos países y se fija en detalles de toda índole, lo que es propio de quien está en peregrinación o en búsqueda de algo (que se resiste a entregarse). Pero bueno, con “infranqueable” he querido decir hermético en dar su mensaje, con lo cual sí que hemos entrado en un mundo en el que hay velos. Y ya reparamos en ellos. El libro se desarrolla en el tono muy sutil adecuado a la gran aventura de la que se ocupa. Está escrito en primera persona, y los poemas son como consecuciones cada uno del anterior, o más bien como anotaciones de un viaje con etapas −con fases−.
Lo voy a contar algo desordenadamente, pero lo primero que llama la atención es la gran concurrencia de pájaros. Los hay en casi todos los poemas. Los primeros, los gorriones, en un breve texto que funciona como introducción y donde ya asoman el ala algunos de los elementos que se harán recurrentes a lo largo de este viaje. Aparte de los pájaros (“gorriones, cuya única preocupación son las migas que dejas”), están también los paisajes griegos y una mención literal a Leonard Cohen. Volvamos a la cubierta del libro: es una foto tomada por la autora en Hidra, la isla del Egeo donde Cohen vivió algunos años. La fachada de la casa que aparece está en sombra, pero en el cielo las nubes se están abriendo con un fulgor dorado. Hay unos cables de la luz, y en uno de ellos un pájaro posado. La canción de Cohen Bird on the Wire, que convoca esa imagen, se cita más adelante, ya avanzado el libro. En todo caso, Nigredo puede recordarnos además a El libro de la misericordia, también de Cohen, no solo porque coincidan en su formato de poesía en prosa (aunque Nigredo tiene en la mitad una parte escrita en verso libre), sino por la especie de anhelo descriptivo que expresan los dos con una disposición semejante, como alguien que al levantarse algo baqueteado se agarrase a su atención, como en la bisagra de la desesperación y la esperanza auténtica. La noche ha sido oscura pero empieza a clarear. Y en Nigredo se transparentan los salmos que hay debajo.
Sigo con los pájaros, porque muy pronto aparece el cuervo negro que simboliza la disolución de la nigredo, pero también, más adelante, en el poema que abre la sección tercera (Tierra o nada), pájaros mecánicos “sometidos / a una sagrada geometría, blancos”. Me llama la atención la imagen porque hay, que yo conozca, otros dos libros de poesía en español en los que aparezcan unos pájaros mecánicos: uno es mío, Al acecho, y otro es el deslumbrante La Universidad Blanca, de Ismael Belda. Son imágenes que nos llegan de otro mundo. Y ese mundo parece haber comenzado a emitir sus formas en una frecuencia que podemos oír. Esa variación en la frecuencia se va percibiendo a lo largo de la lectura, como si la disposición de atención estuviese recibiendo su recompensa. Tendría que decir cómo, pero quien me esté leyendo tendrá que creerme o, aún mejor, verlo por sí mismo. Aparecen nuevos poetas. En ese primer poema de Tierra o nada se empieza a vislumbrar a Pessoa (¿Álvaro de Campos?), por ejemplo aquí: “Cómo aceptar algún día mi muerte, / yo, que esta mañana he atentado contra una mosca / (otro hecho demostrable) // o volver a casa alguna, / regresar a ningún sitio / después de haber estado / toda una tarde (eterna) / bajo la copa de un árbol”. Una de las ciudades es Lisboa (pero también se viaja por el Peloponeso, por Atenas, por Varsovia, por Soria), y más adelante aparece el propio Pessoa dentro de los poemas y como cita antepuesta a alguno de ellos. El Monte de las Ánimas, donde a una garza blanca le pasa algo, nos trae a Bécquer. Roberto Juarroz da una cita para cada cambio de capítulo. Como los pájaros y los poetas, a medida que avanza la lectura vamos reconociendo más palabras y nociones que indican un avance, o una luz más fuerte, más claridad o mayor atención. Alguien se ha desorientado. Emprende varios viajes. En cada uno da con algo inesperado. A medida que va ganando confianza, el mundo parece más y más comprensible. El libro transmite una fuerte impresión de veracidad y luminosidad.
“Pero igualmente es preciso que ahora me lance colina abajo, a la velocidad del tranvía, en un tiempo que el río limpia y rejuvenece.”
“Mi dignidad no consiste en estar de pie y mantenerme, / sino en sucumbir a mi soberanía: mi mente // convergiendo en un gran río.”
Nigredo ganó el II premio Entreversos de Poesía Iberoamericana que concedía la fundación venezolana Mar Azul. El jurado lo componían Raúl Zurita, Juan Carlos Mestre y José María Zonta.
NigredoMarta del PozoBartleby Editores, 202675 páginas
