Trump y su fe: el anticristo
Sorprende que Trump, definido como cristiano pentecostal, y luego cristiano sin apellido, destaque por una fijación enfermiza por la Iglesia católica y el poder del Vaticano. Primero contra el papa Francisco y ahora, con sus imágenes de suplantación religiosa, contra León XIV, estadounidense y peruano, al que no ha dejado de atacar y despreciar. Trump, o J. D. Vance y el patriota cristiano —señor de la guerra— Hegseth confunden fe religiosa con ideología y anteponen la ideología frente a la fe. De ahí sus posiciones enfrentadas con la Iglesia católica y el Vaticano en los dos papados últimos. Probablemente, Trump y sus predicadores desearían reproducir aquella entente entre Juan Pablo II y Reagan de expansión evangélica en Centroamérica y Sudamérica frente a la teología de la liberación de la Iglesia católica. Deudores siempre de aquellos pioneros anglicanos, sostén de su nacionalismo cristiano blanco, que en su mito fundacional se comparaban con la llegada de los israelitas a la tierra prometida, sobre todo en las colonias de carácter religioso de Nueva Inglaterra. Y de todas esas aguas, estos lodos: Trump en el imaginario de papa, Trump en el imaginario de Jesucristo, y, por fin, Trump atacando a León XIV: «Débil con el crimen» y «terrible en política exterior». Sombras de Enrique VIII o de El anticristo de Friedrich Nietzsche.
Un ataque feroz contra el Vaticano y la Iglesia católica, que se pronuncia a favor de los palestinos, los iraníes, los libaneses o los migrantes todos: un papa y una Iglesia contra la guerra, y frente a la que —igual que hizo con el papa Francisco— Trump intenta imponer su poder apoyado en una escena pseudobíblica de sus predicadores en una estrafalaria imposición de manos en el despacho oval de la Casa Blanca. Son esos disfraces con impostura, que atentan contra las creencias de las iglesias cristianas y sobre todo de la católica, los que evidencian la debilidad de Trump. Una debilidad que alcanzó a su aliado preferente en Europa, Orbán, en las elecciones del domingo, pero que evidencian ahora la presidenta Meloni, Sheinbaum, Macron o el presidente Pedro Sánchez, pronunciándose a favor de la posición de León XIV.
Trump olvida que Europa es el resultado de las políticas y políticos demócrata-cristianos y socialdemócratas, y aunque la democracia cristiana, al igual que el eurocomunismo europeo (con aquella Hungría invadida de fondo), han perdido influencia, luego del asesinato de Aldo Moro y su compromiso histórico con Enrico Berlinguer, a favor de una estrategia conservadora, la iglesia ecuménica del papa Francisco, espléndidamente sintetizada por Javier Cercas en El loco de Dios en el fin del mundo, explica —si no lo hacía ya la elección de su nombre— el discursos duro de León XIV frente a la guerra y la opresión. Su «no me callaré ante Trump, no le tengo miedo», pronunciado en el vuelo a África, sitúa a Trump, en palabras del jesuita Antonio Spadaro, en su impotencia para contener la voz moral del papa.
