El arte de no hacer nada
Parece que nos hemos impuesto la obligación moral de volver del descanso estival más agotados de lo que salimos. Vivimos aquejados de un frenesí neurótico que exige coleccionar paisajes, engullir atardeceres fotografiados desde un catamarán y certificarlo en redes sociales. Es la tiranía del hiperconsumo emocional, una manifestación más de esta posmodernidad maníaca que no tolera el silencio ni la quietud. Hemos olvidado que el verdadero descanso no habita en la acumulación frenética de novedades, sino en la bendita experiencia de no hacer absolutamente nada.
Nos han vendido la idea de que las vacaciones deben ser una acumulación de experiencias extraordinarias. ¿Pero y si el verdadero........
