De lo mala que es, la estoy viendo
La anunciaron a bombo y platillo porque es una serie en la que podemos ver a Michelle Pfeiffer, una actriz maravillosa que nos deslumbró a finales de los ochenta con Amistades peligrosas (la serie, no el grupo, que lo de Comesaña fue otra cosa). Tener a la Pfeiffer durante años era garantía de éxito, porque siempre daba lo mejor de sí misma, como demostró después en Los fabulosos Baker Boys o La edad de la inocencia, que la convirtieron en la gran estrella de los noventa. Pero, amigos, han pasado décadas y la historia ya no es la misma, porque la última incursión de esta actriz en la serie The Madison (Movistar+), concebida por el mismo creador de Yellowstone como su secuela, es un bodrio con todas las letras. Pero de tan mala que es, no puedo dejar de verla. Supongo que debe de ser una sensación parecida a ese placer culpable que otros tienen con algún tipo de programas basura, pero a mí la historia de esta pija de Manhattan volviendo a las montañas de Montana para ejemplificar los buenos valores de la América (blanca) profunda me tiene loca. No sé si por ver a Michelle Pfeiffer con su melena, su diamante en la mano, sus estilismos cuidadísimos de country girl mientras se toma un café humeante o porque me repugna tanto el mesianismo al estilo Trump que tanto detesto. No lo sé, pero a veces los espectadores caemos en nuestra propia contradicción. Es malísima, lo sé, pero no puedo dejar de verla.
