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Once de diferencia

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28.07.2026

La noche del 20 de julio el Congreso eligió once dignidades entre sus dos cámaras. Diez pasaron casi por aclamación: la presidencia de la Cámara se resolvió con 180 votos. La única disputada fue la del Senado, y esa la perdió el gobierno que llega, por once votos. Todavía no se posesiona y ya sabe lo que cuesta una silla.

Lo que hizo el equipo entrante no tuvo nada de insólito. Los seis gobiernos que se han instalado desde 2002 pusieron a su candidato en la testera del Senado: Luis Alfredo Ramos, Dilian Francisca Toro, Armando Benedetti, José David Name, Ernesto Macías, Roy Barreras. Ni siquiera es cierto que antes fueran trámite. La de 2002 se definió por seis votos, con la coalición de Uribe partida entre Ramos y Fuad Char, y aun así la silla quedó en manos del aliado del presidente electo. Y como siempre, hubo reuniones, hubo manteles, hubo una suma que daba en el papel y un nombre propio en los medios desde antes de la instalación: las cuentas de prensa de la víspera dejaban a Alfredo Deluque, del Partido de la U, a un voto de los 52 que hacen mayoría entre 103 senadores. En la urna sacó 45. La novedad no está en el método sino en que esta vez la urna hizo lo que siempre pudo hacer.

El método no está escrito en ningún reglamento. Los votos se aseguran por teléfono, de noche, uno por uno, contra la palabra empeñada y el favor pendiente. Es trabajo de puntadas invisibles, las que sostienen la prenda sin que se vean por el derecho. Al día siguiente de la derrota, el ministro del Interior designado, Rodrigo Lara, escribió que toda relación con el Congreso se ha hecho de frente al país, «sin acuerdos subrepticios».

Y el secreto no es maña criolla: es ley. El artículo 131 del reglamento del Congreso ordena votación secreta cada vez que haya........

© La Silla Vacía