menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Que el Estado no pertenezca a ninguna iglesia está en juego con De la Espriella

30 0
05.08.2026

Las imágenes que se conocieron del “retiro espiritual” de Abelardo de la Espriella y sus futuros ministros la semana pasada provocaron un intenso debate sobre qué significa que Colombia sea un estado laico. ¿Puede un presidente y sus ministros (suponiendo que lo repitan después de la posesión) rezar en un evento de gobierno? ¿Puede encomendar el país a una virgen? ¿Pueden “meter a Dios en los colegios”’?

Para resolver esas dudas, La Silla Académica habló con dos expertos en el tema.

Sergio González, candidato al doctorado en Derecho Canónico, licenciado en Derecho Canónico, especialista en Derecho Constitucional e investigador de Indagación empírica para el levantamiento de la línea base de la política pública distrital de libertades fundamentales de religión, culto y conciencia. Y Diego Meza, doctor en Ciencias Sociales, profesor de la Universidad Gregoriana en Roma y de la Universidad Nariño en Pasto, editor del libro Trayectorias cruzadas: catolicismos y política en América Latina. 

Esta es la entrevista editada para mayor claridad.

LSA. ¿Qué significa que un Estado sea laico? 

Sergio González. Si bien la Corte Constitucional ha insistido en que Colombia es un Estado laico y ha dado pistas de qué significa eso, es un concepto sin consenso teórico absoluto.

Se suele decir, de forma desprevenida, que “según la Constitución, Colombia es un Estado laico”. Sin embargo, la palabra “laico” no aparece en ninguna parte dentro del texto. Lo que sí existe es el artículo 19, que consagra la libertad religiosa y establece que todas las confesiones son iguales ante la ley. Ese es el punto clave.

Aunque la Constitución no habla de laicidad, se llega a esa conclusión por lógica jurídica, por jurisprudencia de la Corte y por desarrollos normativos porque para que el Estado pueda garantizar esa igualdad, tiene que ser neutro; y para ser neutro, tiene que ser laico. Si está del lado de una confesión, no puede tratar a todas las religiones por igual.

En ese sentido, la libertad religiosa exige que el Estado sea laico para garantizar un trato igualitario, pero no le prohíbe a nadie ejercer una religión, si bien el debate de hoy también pasa por los límites que tienen los funcionarios públicos para ejercer su religión.

LSA. ¿Cuáles son esos límites?

SG. El régimen de los servidores públicos exige requisitos como ser ciudadano colombiano, ser mayor de 25 años o tener un título profesional según el cargo, pero para ninguno se exige ser creyente o no serlo. El régimen de inhabilidades e incompatibilidades tampoco dice nada al respecto. Por lo tanto, no se le puede pedir a un funcionario que renuncie a sus creencias solo por desempeñar un cargo público.

El límite está en que no puede aprovechar su cargo para difundir, proteger o privilegiar la confesión a la que pertenece, ni para perseguir, negar u ofender a una confesión distinta a la suya. Sobre esto, hay un antecedente importante. Iván Duque, siendo presidente, mencionó en un trino a la Virgen de Chiquinquirá y se interpuso una acción de tutela en su contra. El fallo de segunda instancia no lo obligó a borrar el trino, pero le advirtió que debía ser particularmente cuidadoso en el uso de sus redes sociales personales, en aras de la neutralidad propia de su cargo. Es decir: como ciudadano puede expresar su credo, pero como servidor público debe ser más moderado para que en la opinión pública no quede la idea de que privilegia una confesión sobre las demás. Ese es el límite.

LSA. De la Espriella, como presidente, ¿podría usar símbolos o lenguaje religioso en actos oficiales sin violar esa obligación de neutralidad?

SG. Hasta ahora, De la Espriella es el presidente electo, pero aún no se ha posesionado. En campaña se ha mostrado como un converso, pues en el pasado se había declarado ateo. Personas de su círculo cercano, como Carlos Alonso Lucio y Viviane Morales, han apelado a conceptos religiosos para expresar su proyecto político: hablan de “la patria milagro”, del “arca de Noé”. Ideas que no son exclusivas de los creyentes y que ya hacen parte de nuestra cultura, pero que, conociendo la pertenencia religiosa de Morales y de Lucio, entendemos que llevan la carga religiosa como parte de su proyecto político.

Hasta ahora son actos de campaña o previos a la posesión y no de gobierno. En las transiciones es normal que se den este tipo de expresiones, pero una vez posesionado ya debe empezar a pensar en clave de gobernante.

Ahora bien, con estos actos no sólo podrían llegar a ofenderse quienes no son creyentes. Un creyente ortodoxo del Antiguo Testamento o de la Torá podría sentirse ofendido de que un exguerrillero del M-19 use de manera arbitraria referencias al diluvio o a la nueva creación. Entonces, más que un tema jurídico, es un tema de tacto político, de prudencia y de sensatez para no causar afectaciones a la sensibilidad religiosa de las personas. 

El mayor peligro es que, a través del gobierno, un partido, un movimiento o una clase quieran imponer su fe a toda........

© La Silla Vacía