En el país de los diminutos
Hay obras de la literatura que envejecen con dignidad y otras que, para nuestra sorpresa, rejuvenecen todos los días. Los Viajes de Gulliver pertenece a esa segunda categoría, pues cada capítulo parece escrito después de un consejo de gobierno, del más reciente escándalo mediático o de alguna discusión parlamentaria donde los protagonistas confunden la administración pública con una tribuna de fútbol llena de barras bravas.
Hace casi tres siglos, Jonathan Swift entendió algo esencial: las sociedades no colapsan únicamente por maldad; también se destruyen por su pequeñez. Nadie ha retratado de manera tan magistral la pequeñez humana como aquellos diminutos habitantes de Liliput, incapaces de afrontar los problemas estructurales, pero perfectamente dispuestos a convertir los asuntos triviales en guerras eternas.
En una de las escenas más memorables, el conflicto político gira alrededor de una discusión realmente absurda: ¿por cuál extremo debe romperse un huevo hervido? Los bandos enemigos, los partidarios del extremo ancho y los del extremo estrecho, sostienen enfrentamientos feroces, persecuciones y hasta guerras por semejante........
