Ay, sí, yo sí soy de por aquí
Hay países a los que uno llega y, de inmediato, los sentidos se aquietan como si regresaran a casa: lugares que parecen familiares, olores conocidos, sabores entrañables, canciones que ya fueron cantadas o bailadas alguna vez y que despiertan una grata exacerbación de los sentimientos, sin causa aparente.
En los aforismos populares de este país tropical y andino, con cierta sorna, se dice que la clase alta quiere ser europea y las clases populares, mexicanas. Una explicación posible está en el poder de la cultura importada: entiéndase por eso la literatura, la música y el cine.
Dos países que conmueven a casi todos los hispanoamericanos son España y México. España, por las bases heredadas de su cultura imperial, la vivencia de las expresiones del catolicismo, la historia compartida por más de tres siglos, su culinaria, su música y hasta por la misma conjugación de los verbos. México, por la cercanía de su amabilidad, su música, su gastronomía, su desarrollo, su infraestructura y ese particular entendimiento del tiempo que es claramente hispanoamericano.
Mucho de esos afectos........
