A mi Hayek
Hace cinco años, cuando tenía apenas 15 años y estaba empezando a fundamentar mis opiniones políticas, empecé a leer a Friedrich Hayek, premio Nobel de Economía e inspiración de muchas de mis ideas. Pero no solo eso. De él no solo tomé conceptos, también fue por él, en su honor, que nombré a un hermoso gato bebé que llegaba a mi vida al mismo tiempo.
Por eso, esta columna no será sobre el economista. Será sobre el gato.
Mi Hayek llegó a mi vida en medio de una pandemia en la que me sentía sola, para enseñarme lo que realmente es el amor. Cuando llegaba a casa, me recibía en la puerta para que lo alzara, le diera besos en el cuello y, si mi mamá estaba, para que entre las dos hiciéramos “sándwich de Hayek”. Apenas me sentaba en el sofá, se acomodaba sobre mis........
