Prohibiendo el futuro
Cuando las calculadoras de bolsillo llegaron a las aulas en la década de 1970, los docentes anunciaron el fin inminente de la capacidad analítica de toda una generación. Se temía que los niños olvidaran la aritmética elemental y que la mente humana quedara atrofiada. Con el paso del tiempo, el instrumento no destruyó la inteligencia, sino que multiplicó la velocidad con la que los futuros ingenieros y analistas financieros podían operar en la economía real.
Décadas después hemos visto repetirse el pánico con las redes sociales y los dispositivos móviles. Varios países han reaccionado erigiendo barreras burocráticas, implementando bloqueos y restringiendo accesos a golpe de legislación apresurada. Meta acumula sanciones históricas y multas multimillonarias a nivel global por fallas de privacidad y el impacto algorítmico en la salud mental de los menores.........
