Hacerlo con el miedo
Durante mucho tiempo nos han dicho que el miedo es el enemigo. Que hay que vencerlo para poder avanzar, decidir o liderar. Que el liderazgo auténtico exige ausencia de miedo, como si sentirlo fuera una señal de debilidad o falta de carácter. Y así, generación tras generación, aprendimos a repetir el mismo consejo: hágalo con miedo. Como si el miedo fuera un obstáculo que hay que atravesar a pesar de su presencia.
Pero tal vez el problema no es el miedo, sino la forma en que nos relacionamos con él. El miedo ha sido, durante millones de años, un sistema de protección. Nos mantiene atentos, enfocados y capaces de anticipar riesgos. Nos advierte sobre amenazas y nos invita a prepararnos. Sin embargo, en el contexto del liderazgo, hemos querido convertirlo en un adversario a derrotar. Lo tratamos como si fuera un aviso de “no pase” o “peligro”, un bloqueo que........
