Paz al volante, gasolina en las venas
Desde 1967, el pecho de Ourense se hincha con una carrera que emergió del orgullo de un pueblo. Todo salió de la testa de un brujo. Un alquimista de manos mágicas y mente preclara que convertía en oro todo lo que tocaba. Creó una competición llena de estrellas, una escudería que la nutriese de laureles nativos y una criatura mitológica, el Alpinche -mitad Renault Alpine, mitad Porsche- que alimentase la leyenda de la ciudad.
Don Estanislao Reverter fue el primer profeta. Beny Fernández, su discípulo. Y la tradición continuó deslizándose como un nordés. Viajó más allá del Padornelo y engordó su caché con Etchebers, Puras o Fuster. Pero para los de aquí siempre era algo más. Recogían ese legado como un neonato, amamantado de boca a boca por la misma pasión colectiva de la que brota el folclore. Pavón, Peitos y el héroe del nuevo milenio: Rantur.
A Jorge González lo vio casi ganar un........
