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A vaquiña polo que vale

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19.07.2026

Puede que no exista en el mundo mayor rivalidad que la anglo-francesa. En 1328 Eduardo III, rey de Inglaterra, reclamó el trono de Francia y se enzarzaron en una guerra de cien años. Ayer, los enemigos íntimos, se volvieron a ver las caras pero en un duelo melancólico y fútil que lleva por premio una limosna.

Ambos llegaron alicaídos, diezmados tras sus debacles semifinalistas. Inglaterra se entregó cuando tocaba el cielo. Renunció al balón durante más de media hora en uno de los dislates más groseros de este Mundial. Ahí le dio la vuelta........

© La Región