Sobre gritar en el túnel
Necesitamos nuestras locuritas personales. Momentos de absurdeces privadas en los que nadie debe entrar. Cositas simbólicas, particularmente bobas, para entregamos fervorosamente a lo estrafalario. Una canción especial cuando hierve la leche, un rezo secreto con los gatos, el juego de adivinar la posición de Sirio en su viaje por las ventanas de casa. Debe ser algo que hagamos conscientemente para rescatarnos a nosotros mismos. Esa es la razón de cultivar las excentricidades pequeñas, las rarezas sabrosas, que nos pongan a salvo de este mundo de locos.
En estos ritualitos nos jugamos nuestra claridad de mundo. Hay que hacer venir al imprevisible que nos habita, dejar pasar al fantoche que, precisamente por estarlo, es capaz de diseccionar la realidad y consigue ver a través de los ángulos imposibles de una vida, esta vida, en la que casi todo es una memez a la que doramos la píldora mintiendo desde nuestros disfraces de........
