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Los tilos del convento de San Francisco

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24.06.2026

Habitamos una ciudad fuera del tiempo. Esto podría ser una alegría exótica para un visitante hace 50 o 60 años, porque encontraría a una vieja ciudad episcopal, intacta, pura memoria echada hacia afuera. Auria, como decía Cunqueiro, era una “pequeña Compostela”, conservada en piedra y dueña de un atraso pintoresco, aunque casi no queda nada de eso. Esta ciudad, o lo que sea que es, se ha apartado de aquel pasado humilde para estallar en el cataclismo por desidia. Cuando se deja de saber quién eres y en tu pequeña cabeza rebotan los flashes de cualquier golosina de fuera, estás moralmente perdido. Es el fin.

Además, algunos no parecen darse cuenta. No estamos asistiendo a eventos climáticos traviesos que nos castigan con algunas noches sin dormir o hacen durar menos los helados, sino a una transformación catastrófica del clima. Habitamos el........

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