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Reloj, que la vida se apaga

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13.09.2026

En Ourense nos pueden más los recuerdos (las añoranzas, diría), que la ilusión por lo que el futuro guarda. Yo lo tengo por un síntoma del envejecimiento. Con la provincia establecemos una relación de conversaciones cortas, más un te acuerdas que un qué bien que mañana nos espera tal cosa. Un bolero cantado en el crepúsculo, un reloj no marques las horas, porque voy a enloquecer. El periódico trasladó una página de sus esquelas a la sección de local para un rogad a Dios por el alma del comercio, con un fuerte olor al incienso que esparce el cura dando la vuelta al féretro para que el cadáver llegue ante Dios purificado y oliendo bien. El titular tenía la gracia de los santos óleos: "La ciudad tiene tantos bajos sin negocios como Vigo y A Coruña juntas".

La retahíla de cifras enseña que el sector tiene cita en el forense. Enmudece el gremio, bastante tiene con abrir la persiana. Poco análisis de los expertos, si quedan. Ni se oye a las instituciones y sus empleados temporales, desprovistos de palabras reconfortantes en el duelo, carentes de recetas para evitar un cierre más al cabo de la calle. Escuché de un empresario el día que La Región publicó la noticia la clásica alusión a lo que el comercio fue en la ciudad y en lo que se está quedando. Había ahí un mohín melancólico, como quien recuerda el CD Ourense de la temporada 1967-68, que ganó todos los partidos, el COB de la liga ACB o culturalmente la Atenas de Galicia, de la que solo queda una marca en el agua. En Ourense pesa más lo que fuimos que lo que queremos ser. Las conversaciones reproducen un eco lejano de voces que ya no están. Asoman los recuerdos de Almacenes Alfredo Romero, Confecciones Santa Eufemia o el Hotel Roma. Incluso las delirantes historias del comerciante........

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