Expediente Irán: la redistribución del miedo interno
En una guerra, los ataques son totales: infraestructura, credibilidad y certidumbre. Eso lo hemos visto desde el inicio del conflicto en Medio Oriente. Cuando Israel golpea puestos de control de la Guardia Revolucionaria y de la Basij con información de informantes dentro del país, el daño no se limita al blanco alcanzado, sino que llega a la sociedad entera: le avisa que el aparato de coerción está infiltrado, que sus movimientos pueden ser leídos desde dentro y que su retaguardia ya no es plenamente segura.
La guerra psicológica actúa en ese nivel. Mientras los ataques con misiles apuntan a reducir capacidades, el uso de información de espías siembra desconfianza dentro de la estructura que sostiene al régimen. Si un mando sospecha de sus propios cuadros, si un funcionario desconoce quién filtra, si un cuerpo de seguridad teme que su ubicación haya sido entregada, la disciplina deja de ser tal. La confianza operativa deja de sostenerse, y las actuaciones responden,........
