Reforma electoral: Cuando perder deja de ser aceptable
Reducir costos, ajustar reglas y reformar instituciones es legítimo en cualquier democracia.
Hacerlo en un país donde el crimen organizado captura territorios y procesos electorales exige algo más: árbitros fuertes, reglas creíbles y la certeza de que competir no pone en riesgo la vida. Ésa es la línea que hoy cruza el debate sobre la reforma electoral en México.
En La crisis de la democracia, Adam Przeworski plantea una advertencia especialmente pertinente: las democracias rara vez colapsan por rupturas abruptas; suelen erosionarse de manera gradual, a través del desgaste de sus instituciones y de la polarización que convierte cada desacuerdo en una batalla existencial. No es el conflicto lo que las debilita, sino la pérdida de confianza en las reglas que organizan la competencia política.
Przeworski lo resume con una idea central: “la democracia funciona mientras los perdedores aceptan los resultados porque confían en las reglas”. Cuando esa confianza se rompe, incluso las elecciones dejan de cumplir su función integradora. Este marco ayuda a entender el momento que vive México con la discusión de la reforma electoral, pero también obliga a mirar un desafío más profundo y persistente: la captura violenta de procesos electorales por parte del crimen organizado.
La Presidenta Sheinbaum ha insistido en que no hay intención autoritaria ni de debilitar la autonomía del INE, pese al fiasco de la elección........
