Malos cotidianos
No hay nada más aterrador que los malos cotidianos. Están en nuestras casas, en nuestros trabajos, en nuestros lugares de ocio… Y lo peor es que confiamos plenamente en ellos por las relaciones que nos unen, ya sean familiares, profesionales, amorosas o de amistad. Como los admiramos, respetamos o incluso amamos, no podemos concebir que nos hagan mal; pero son esos sentimientos los que nos vuelven más vulnerables a su perversidad. Los malos cotidianos dan mucho más miedo que los delincuentes profesionales. Y nos tienen rodeados. ¿Quiénes creen ustedes que son, por ejemplo, los que........
