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Malos cotidianos

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21.02.2026

No hay nada más aterrador que los malos cotidianos. Están en nuestras casas, en nuestros trabajos, en nuestros lugares de ocio… Y lo peor es que confiamos plenamente en ellos por las relaciones que nos unen, ya sean familiares, profesionales, amorosas o de amistad. Como los admiramos, respetamos o incluso amamos, no podemos concebir que nos hagan mal; pero son esos sentimientos los que nos vuelven más vulnerables a su perversidad. Los malos cotidianos dan mucho más miedo que los delincuentes profesionales. Y nos tienen rodeados. ¿Quiénes creen ustedes que son, por ejemplo, los que más abusos sexuales cometen? Las estadísticas demuestran que casi siempre los perpetran personas cercanas a las víctimas y de su confianza. Es pavoroso constatar –y debería conllevar mayor pena y una esquina más calentita en el infierno– cómo tantas personas supuestamente intachables (padres u otros familiares, maestros, curas, entrenadores, jefes, exnovios, amigos, o hasta representantes de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado), aprovechándose de su cercanía y autoridad moral, cometen las peores tropelías sexuales contra aquellos sobre los que tienen ascendencia. Nos provoca pánico cruzarnos con un encapuchado en una calle oscura…, pero los malos cotidianos actúan a cara descubierta y sin que se sospeche que lo son. La denuncia contra el ya ex DAO (Director Adjunto Operativo) de la Policía, hombre de la máxima confianza del ministro Marlaska, tiene en shock a España entera. Más allá del estupor, el asunto ha generado toda suerte de tensiones políticas en el Congreso. Yo, por salud mental, me niego a pensar que el ministro era consciente de esos hechos tan repugnantes, que han trascendido a través de la pormenorizada declaración de la víctima… (Debe de ser terrible para ella que se haya hecho pública, por cierto). Dice el propio DAO, que dimitió nada más conocerse la denuncia «para no perjudicar el buen nombre de la Policía». Yo el único reproche que le haría al ministro, de momento, es que le haya permitido dimitir, en vez de cesarlo... ¿Que existe la presunción de inocencia? Desde luego. Pero, ¿acaso no puede mantenerse estando el querellado fuera de ese cargo, que le convertía en el hombre más poderoso de la institución que debería ser la más confiable, la Policía? Ya ven, hasta en ella pueden caber malos cotidianos…


© La Razón