El diario, dispositivo poliédrico
La autora de Una falsa diarista no se llama Silvia, sino Sylvia, como la poeta Plath, que late en los dedos al leer esta novela.
Deprimida, la protagonista empieza un diario. Es narradora, mexicana, bisexual, profesora universitaria en Estados Unidos. Hace años conoció a Gran Escritor. La habían contratado para ser figurante a su lado: transportarlo, sonreír, atenderlo. Contra el pronóstico, el invitado fue encantador. Bebieron, hablaron de libros favoritos. Se gustaron. Él la invitó a ir juntos a las montañas, para escribir. Acelero la historia: ella deja todo por esa relación. Tras casarse viven en un pueblo gringo donde enseñan, mientras él desarrolla “una novela y yo, un diario de la tristeza”. La voz narrativa pierde su antiguo nombre, sin acostumbrarse al nuevo, como en........
