Con Irán sin aparente final, ahora la pieza es Cuba
Irán vuelve al foco principal de la noticia, compartiéndolo con la política nacional postelectoral. Lo hace en concreto con la polémica creada en torno al estrecho de Ormuz por el bloqueo selectivo establecido por el régimen de los ayatolás para la navegación a través de él. La UE se ha mostrado contraria a participar junto a EEUU para conseguir su desbloqueo, aludiendo a que es ajena a esa guerra, lo que ha soliviantado a la Casa Blanca. Que, ante la repercusión económica por la crisis alimentaria y energética que esta situación provoca, y que está suscitando críticas crecientes a Trump, ahora ha desplazado la atención hacia Cuba. El presidente estadounidense ya anuncia la inminencia de que Cuba tome el relevo de Venezuela en su agenda geopolítica americana, bajo la «doctrina Trump», que es su versión de la conocida en la Historia como «doctrina Monroe». Que fue la estrategia política promovida por el citado presidente cuando se accedió a principios del siglo XIX a la independencia por bastantes de los países iberoamericanos. Aquella «doctrina» era dirigida a los países europeos, exhortándoles a no intentar volver a controlar esos países, afirmando que «América era para los americanos» (y no para los europeos). Ahora, dos siglos después, Donald Trump la ha transformado en la «doctrina Trump»: «América para EEUU». Lo de Cuba lo afirma, como decimos, ante la compleja situación en Irán, donde se evidencia que quizás había pensado que una operación como la «Furia Épica», desencadenada el pasado 28 de febrero y que acabó con la cabeza del poder militar, religioso y político del régimen teocrático islamista de los ayatolás, podía generar una situación similar a la sucedida a partir del 3 de enero en Caracas. Con Maduro preso en EEUU a la espera de juicio y una transición pacífica hacia una nueva política en Venezuela dirigida desde Washington y aplicada por quien era su mano derecha, Delcy Rodríguez. El presidente cubano Díaz-Canel está sufriendo las consecuencias políticas derivadas del embargo petrolífero y financiero del nuevo régimen en Caracas. Con una crisis económica producida en la isla caribeña que ha llegado a un nivel insostenible para la población. Consciente de esa situación de total dependencia, Donald Trump se ha permitido decir que tiene a Cuba en sus manos y que «puede hacer lo que quiera con ella». Esperemos que pueda hacer una transición no violenta en la línea de Venezuela. En cuanto a la política nacional tras las elecciones castellano-leonesas del domingo, «las izquierdas a la izquierda del PSOE» ya comienzan a exteriorizar el fracaso cosechado. Pidiendo algunas voces un nuevo líder y la salida del Gobierno sanchista. «Sin dejarlo caer».
